Decir quién fue ganador de un debate está de más

Por: Victor Fonseca Jaques

Lo que sí se puede reflexionar un poco es sobre quién se exhibió de mejor forma que los de otros, en cuestión de propuestas, de preparación, de capacidad y de ofrecer confianza en su proyecto

En el debate entre candidatos –en este caso– a la alcaldía de Guaymas, lo único que debe considerarse es si el gran ganador será el pueblo gobernado por quien finalmente resulte electo, precisamente, por quienes así lo decidan a través del voto mayoritario.

Desde mi perspectiva, son cuatro los que, a juicio personal, podrían merecer mi confianza el día 6 de junio. No en el orden que los mencione, simplemente es de uno por uno:

*Rogelio Sánchez de la Vega* deja entrever un interés en hacer algo bueno por Guaymas. Es evidente su inexperiencia política, sí. Pero creo que un mejor trabajo en el manejo de su imagen como candidato podría inspirar confianza en el electorado. Queda poco tiempo para eso. Como opción es bueno, pero como pretenso tiene que crecer mucho más.

*Oscar Barragán Valdez* lució muy bien. Al margen de la confianza que mostró en el escenario, se vio preparado para el reto que enfrenta. Habló de los problemas de Guaymas y mostró conocimiento de ellos. Quizá faltó abrirse un poco más en presentar el diseño de su proyecto de gobierno, pero en términos generales, creo que es el que llamó más la atención.

*Manuel Villegas Rodríguez* sabe lo que está haciendo. Ya con trayectoria y mejor preparación política, mostró confianza en su proyecto, aunque no desaprovechó para aventar sus críticas fuertes a sus contrarios. Quizá le jalaría más confianza del futuro electorado si amplía más su exposición de propuestas. El tiempo corre y se puede acabar más pronto de lo que se supone.

En *Ricardo Corral Lagarda* puedo advertir a un joven impetuoso y seguro de lo que busca en esta su primera participación política. A pesar de su juventud, acaparó reflectores al ser muy específico en sus propuestas. Quizá le resulte muy difícil –aunque no imposible– alcanzar la victoria en las urnas, pero como arranque en una eventual carrera política, está empezando con el pie derecho.

*Alberto Albín Cubillas* me sorprendió. Un hombre con trayectoria, experiencia y conocimiento tanto político como del servicio público, siento que se sintió dominado por su nerviosismo. Me queda claro que es una persona con buena imagen, inspirador de confianza incluso. Sin embargo, no puede despertar interés generalizado ante el respaldo (¿respaldo?) que tiene de quienes controlan su campaña.

*Rodolfo Lizárraga Arellano* mostró buenas tablas. Hay que reconocerlo y decirlo. Mostró temple ante el embate de críticas, y optó por lo más saludable en un escenario así: referirse a ciertos pormenores de lo que es su proyecto de gobierno. Al final de cuentas, lo más importante era eso, es decir, saber qué es lo que ofrece cada uno de ellos para beneficio de la comunidad.

*Yadhira Cota Lugo* ha aprendido un poco. Pero sus clásicas altanería y arrogancia no le permiten ser objeto de buenos comentarios. Su accidentada trayectoria en el servicio público (en varias ocasiones ha sido despedida del trabajo) y sus aires de superioridad, difícilmente le van a permitir alcanzar la votación necesaria para alcanzar una regiduría. Y si lo logra, va a ser después de una gran batalla con ella misma.

De *Jesús Iván Acevedo Sauceda* es muy poco lo que hay que decir. Ese muchacho parece estar peleado con la vida. Su gesto hosco, sus modales bruscos y su actitud bélica no lo van a dejar llegar a donde presuntamente pretende. No mostró nada interesante en lo que pudiera ser un plan de gobierno. Desaprovechó la oportunidad.

De *Karla Córdova González* es también muy poco lo que podría considerarse interesante. Su gris participación era de esperarse. Mostró una absoluta indefinición con respecto a un proyecto de gobierno para el municipio y se dedicó sólo a comprometer a *Alfonso Durazo Montaño* para que, en caso de llegar éste al gobierno estatal, se encargue de Guaymas y sus problemas. En sí, la doctora evidenció no tener idea de cómo entrarle “al toro por los cuernos”.

Nerviosismo, titubeos y auto descontrol aportaron bastante para lesionarle más su imagen.

Si mi lector observa, notará que no manejé siglas ni colores políticos. No creo que sea necesario.

De hecho, la campaña actual no es de partidos. Son las personas las que van a definir el rumbo de la votación, y en ese aspecto, hasta los partidos más tradicionales podrían ver en grave riesgo su permanencia como tales.

Esto empieza a ponerse interesante.

Columnas anteriores aquí http://contraportadaguaymas.blogspot.com/p/columna-contraportada_44.html

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